miércoles, 1 de junio de 2016

Perdón, pero no hay que dialogar…





Esa mañana, por error el corredor entró por una calle equivocada. Paso una reja, y cuando se vino a dar cuenta estaba cara a cara con un Rottweiler. Pelaje  brillante, negro azabache, al menos le calculaba 60 kilos, la musculatura hipertrofiada era intimidante.
El joven corredor se detuvo, y miró hacia atrás, se encontraba al menos a 150 metros de la entrada, en una propiedad privada, de madrugada, en la puerta estaba el típico cartel que decía “perro bravo”. El semblante del perro guardián cambió, sus ojos se inyectaron y sin vacilar ese enorme animal corrió hacia el intruso.
En esa situación el corredor increpo al perro y le dijo “vamos a dialogar”, yo estoy violando tu espacio, tu eres un asesino de intrusos, no me conoces, yo me metí aquí sin tocar el timbre, no tengo porque estar aquí pero, te invito a discutir las razones por las cuales a mí me dio esta mañana la gana de desafiarte entrando aquí sin razón alguna.
El perro guardián simplemente obró según su instinto, ese señor estaba en su territorio, no tenía autorización, él no lo conocía, él es un perro y sin hablar sino con un ataque brutal directo al cuello le dio a entender “Perdón, pero no hay nada que dialogar.
Probablemente sería posible dialogar con el dueño de la casa, con el vigilante, pero si entendemos la situación, era muy complicado en esas circunstancias dialogar porque el perro ni siquiera entiende de qué están hablando.
Dialogar siempre es lo mejor, es verdad, pero el corredor no tenía derecho a entrar al territorio del perro, fue un error.

Carlos Rada
@criverar
72 bendiciones

No hay comentarios:

Publicar un comentario